Así se llama la persona que me hizo despertar.
Era 1º de Bach, y yo salía riéndome de clase de lengua, antes de que tocara el timbre. Caminaba sola por el instituto vacío, y la verdad, no recuerdo por qué me reía, ni por qué me habían dejado salir antes. Entré a la cafetería, y estaban las dos chicas que atienden allí, y Margarita, mi profesora de matemáticas.
Y entonces me dijo (palabras textuales, de esto sí que me acuerdo bien) "Por fin conozco la sonrisa de Beatriz".
Lo que pasó después no lo sé, supongo que sonaría el timbre y se llenaría el bar de ansiosos por un bocadillo o un dulce. Yo estaba en otro lado. ¿Por qué razón Margarita me decía después de tanto tiempo que por fin me veía sonreír?
Sus palabras hicieron 'click' en mi cerebro, y éste le pidió a mi alma alguna explicación. Éste último no supo qué contestar. Me quedé parada. A partir de ahí reaccioné. Me percaté de que algo me estaba consumiendo sin darme cuenta. Y darme cuenta fue peor.
El maltrato venía de lejos, pero os juro que hasta ese momento lo creía normal, cotidiano, común. Yo lo pasaba mal en casa, pero creía que "esas cosas pasan" en todos los hijos, que, no sé... yo era como esos adolescentes rebeldes, y por eso merecía gritos y castigos. Lo veía lógico.
Unas semanas más tarde Margarita se acercó a mí para pedirme un favor. Necesitaba que ayudara en el bar por unos meses pues una de las chicas iba a dar a luz. Ella misma me recomendó a la encargada, diciendo que era una alumna ejemplar y muy buena chica, y que no tendrían ni un problema conmigo. Aquello fue mi salvación. Despertar de mi pesadilla fue sentir cada grito y golpe más fuerte que nunca, pero en el instituto me sentía útil. Los profesores se volcaron conmigo y me dejaban salir antes de terminar 3ª hora para llegar y prepararme en el bar. Yo ahora creo que Margarita sabía que algo me pasaba, y que eso podía ayudarme. Ahora escribiendo esto me doy cuenta...
Y no creáis, el despertar de mi pesadilla fue muy largo. No fue fácil asimilar y aceptar que vivía con un maltratador, pero eso ya es otra historia.
Margarita solo dio el disparo de salida.
Era 1º de Bach, y yo salía riéndome de clase de lengua, antes de que tocara el timbre. Caminaba sola por el instituto vacío, y la verdad, no recuerdo por qué me reía, ni por qué me habían dejado salir antes. Entré a la cafetería, y estaban las dos chicas que atienden allí, y Margarita, mi profesora de matemáticas.
Y entonces me dijo (palabras textuales, de esto sí que me acuerdo bien) "Por fin conozco la sonrisa de Beatriz".
Lo que pasó después no lo sé, supongo que sonaría el timbre y se llenaría el bar de ansiosos por un bocadillo o un dulce. Yo estaba en otro lado. ¿Por qué razón Margarita me decía después de tanto tiempo que por fin me veía sonreír?
Sus palabras hicieron 'click' en mi cerebro, y éste le pidió a mi alma alguna explicación. Éste último no supo qué contestar. Me quedé parada. A partir de ahí reaccioné. Me percaté de que algo me estaba consumiendo sin darme cuenta. Y darme cuenta fue peor.
El maltrato venía de lejos, pero os juro que hasta ese momento lo creía normal, cotidiano, común. Yo lo pasaba mal en casa, pero creía que "esas cosas pasan" en todos los hijos, que, no sé... yo era como esos adolescentes rebeldes, y por eso merecía gritos y castigos. Lo veía lógico.
Unas semanas más tarde Margarita se acercó a mí para pedirme un favor. Necesitaba que ayudara en el bar por unos meses pues una de las chicas iba a dar a luz. Ella misma me recomendó a la encargada, diciendo que era una alumna ejemplar y muy buena chica, y que no tendrían ni un problema conmigo. Aquello fue mi salvación. Despertar de mi pesadilla fue sentir cada grito y golpe más fuerte que nunca, pero en el instituto me sentía útil. Los profesores se volcaron conmigo y me dejaban salir antes de terminar 3ª hora para llegar y prepararme en el bar. Yo ahora creo que Margarita sabía que algo me pasaba, y que eso podía ayudarme. Ahora escribiendo esto me doy cuenta...
Y no creáis, el despertar de mi pesadilla fue muy largo. No fue fácil asimilar y aceptar que vivía con un maltratador, pero eso ya es otra historia.
Margarita solo dio el disparo de salida.
Me ha emocionado la sencillez de como has relatado el duro despertad hacia la libertad.
ResponderEliminarA veces los pequeños detalles, no importa un gesto, una mirada, una sonrisa o una frase son determinantes para hacer la catarsis necesaria que es el inicio hacia una limpieza de miseria ajena, que esconde tras esa primera capa gris, un mundo lleno de posibilidades donde por fin uno toma las riendas y deja amarrado en un puerto oscuro a quien no merece pena que la acompañe en ese viaje.
La Okupa