La felicidad es efímera. Todos sabemos que no siempre estamos felices, aunque seamos felices.
Bien, yo no era feliz. No había suficientes razones que equilibrar la balanza y sentirme bien. Durante un tiempo, la pesadilla pudo con ello.
Recuerdo como en los veranos, en el pueblo, veíamos por la noche estrellas fugaces. Yo cerraba los ojos y pensaba siempre en algo concreto. Pasaba igual con mis cumpleaños, y en todas las demás situaciones donde se podían pedir deseos: yo rogaba SER feliz.
Hoy puedo decir que mi deseo se hizo realidad.