martes, 18 de septiembre de 2012

Alguien


(Allá por el 2010)

Tengo ganas de llorar. Siento una angustia horrible, el pecho se me oprime y suelto profundos suspiros cada rato. El vacio vuelve a mí.
Cada uno tiene sus historias, sus problemas y nunca dije que los míos fueran los más grave e importantes. Pero yo miro a mi alrededor y a la gente común no le pasa lo que a mí. Soy una concentración de desgracias. De heridas sobre de cicatrices mal curadas. No es que sea pesimista, simplemente mi historia habla por mí.
Siento que no encontré mi lugar todavía, como si no perteneciera a ningún sitio. En clase soy la más pequeña y con diferencia, con ‘mis amigos’ no comparto la forma tan inmadura de ver la vida que tiene ellos, y en casa… uy en casa, ese es el gran secreto de mi vida que algún día gritaré a los cuatro vientos.
Voy de aquí para allá, cambiando de ambientes. Generalmente caigo bien y simpática a pesar de mi carácter, y me dicen (eso dicen, lo juro) que soy muy buena persona. ¿Si tan buena soy, porque me pasan estas cosas?
No quiero un millón de amigos, ni la familia perfecta, ni el mejor novio. Solo quiero a alguien aquí, cerca, a quién poder abrazar de vez en cuando y llorar en su hombro cuando las cosas me salen mal. Necesito que alguien escuche mi historia, que me mire a los ojos y me diga que el pasado no volverá. Que todo irá bien y no debo preocuparme más…


miércoles, 20 de junio de 2012

La sombra de la pesadilla.

(Martes, 7 de diciembre del 2010)

Estoy viviendo otra vez, después de que la pesadilla se cruzara en mi camino. Tengo una casa que casi es un hogar, aunque espero no quedarme por mucho tiempo, y es que está cerca de él. Todavía no puedo irme a otra ciudad, pero sigo deseándolo con todas mis fuerzas. Empezar de cero y olvidarme de todo lo que pasé.
Aquí es difícil, lo veo por las calles, me cruzo con él con frecuencia...  Cuando me lo encuentro sigo agachando la cabeza, esta vez intentando evitar su mirada, esa que me muestra odio, repulsión y superioridad, y hace que me invada un miedo paralizador horrible que me mata por dentro.
Creo que me cambia la cara cuando le veo, siento como que me quedo sin fuerzas y empiezo a ponerme pálida por momentos. Ahora escribiendo esto siento algo parecido. Tengo muchas ganas de dejar el boli y llorar. Solo llorar...

domingo, 8 de abril de 2012

La importancia del SER

La felicidad es efímera. Todos sabemos que no siempre estamos felices, aunque seamos felices.

Bien, yo no era feliz. No había suficientes razones que equilibrar la balanza y sentirme bien. Durante un tiempo, la pesadilla pudo con ello.

Recuerdo como en los veranos, en el pueblo, veíamos por la noche estrellas fugaces. Yo cerraba los ojos y pensaba siempre en algo concreto. Pasaba igual con mis cumpleaños, y en todas las demás situaciones donde se podían pedir deseos: yo rogaba SER feliz.


Hoy puedo decir que mi deseo se hizo realidad.

viernes, 16 de marzo de 2012

Ellas

¿No es más sano, de una manera anímica y mental, pensar lo positivo de las cosas? Es decir, ¿no somos más felices cuando vemos el lado positivo de lo que nos rodea?

Hace unos días fue el día de la mujer trabajadora (8 de Marzo) y he tenido la desgracia de leer comentarios que, personalmente, me han parecido ofensivos.

Yo tengo una opinión bastante clara de este día. Pienso que es un día de reconocimiento a la lucha y el esfuerzo que tuvieron que hacer nuestras antepasadas (tal vez madres, abuelas, bisabuelas, tías...) para que HOY, nuestra generación, tengamos derecho a trabajar, y que, por ello, nuestra vida no dependa  exclusivamente de los hombres.

No creo que sea un día de discriminación, es una memoria. Un recordatorio una vez al año de que tenemos la suerte de trabajar. Y recordatorio también de que actualmente hay millones de mujeres que no tienen esta misma suerte.

¿Por qué no dar las gracias por tener este día? Significa que LO CONSIGUIERON. Que hubo mujeres que en un tiempo machista se alzaron y pidieron la oportunidad de ser iguales a los hombres. Y al dar ese paso, todos evolucionamos. Nosotras ahora lo tenemos fácil, pero ELLAS lo lucharon. Respetemos su memoria, y admitamos que este día es para nosotras, pero gracias a ELLAS.
No soporto que la gente (sobre todo las mujeres) echen tierra a este maravilloso día. Y si alguien se siente ofendido o sigue pensando lo mismo, lo siento por ambas cosas. Tan solo tenía que decirlo.

jueves, 19 de enero de 2012

Margarita

Así se llama la persona que me hizo despertar.

Era 1º de Bach, y yo salía riéndome de clase de lengua, antes de que tocara el timbre. Caminaba sola por el instituto vacío, y la verdad, no recuerdo por qué me reía, ni por qué me habían dejado salir antes. Entré a la cafetería, y estaban las dos chicas que atienden allí, y Margarita, mi profesora de matemáticas.
Y entonces me dijo (palabras textuales, de esto sí que me acuerdo bien) "Por fin conozco la sonrisa de Beatriz".


Lo que pasó después no lo sé, supongo que sonaría el timbre y se llenaría el bar de ansiosos por un bocadillo o un dulce. Yo estaba en otro lado. ¿Por qué razón Margarita me decía después de tanto tiempo que por fin me veía sonreír?

Sus palabras hicieron 'click' en mi cerebro, y éste le pidió a mi alma alguna explicación. Éste último no supo qué contestar. Me quedé parada. A partir de ahí reaccioné. Me percaté de que algo me estaba consumiendo sin darme cuenta. Y darme cuenta fue peor.

El maltrato venía de lejos, pero os juro que hasta ese momento lo creía normal, cotidiano, común. Yo lo pasaba mal en casa, pero creía que "esas cosas pasan" en todos los hijos, que, no sé... yo era como esos adolescentes rebeldes, y por eso merecía gritos y castigos. Lo veía lógico.

Unas semanas más tarde Margarita se acercó a mí para pedirme un favor. Necesitaba que ayudara en el bar por unos meses pues una de las chicas iba a dar a luz. Ella misma me recomendó a la encargada, diciendo que era una alumna ejemplar y muy buena chica, y que no tendrían ni un problema conmigo. Aquello fue mi salvación. Despertar de mi pesadilla fue sentir cada grito y golpe más fuerte que nunca, pero en el instituto me sentía útil. Los profesores se volcaron conmigo y me dejaban salir antes de terminar 3ª hora para llegar y prepararme en el bar. Yo ahora creo que Margarita sabía que algo me pasaba, y que eso podía ayudarme. Ahora escribiendo esto me doy cuenta...

Y no creáis, el despertar de mi pesadilla fue muy largo. No fue fácil asimilar y aceptar que vivía con un maltratador, pero eso ya es otra historia.

Margarita solo dio el disparo de salida.

domingo, 15 de enero de 2012

Ser Feliz Así

¿Qué hacer cuando el hombre que te maltrató durante años conoce donde vives ahora, crees que tiene llaves de tu casa, y sabes bien que guarda una pistola en el cajón?

Así (sobre)vivo. Esperando que ningún día se cumpla lo que acabas de pensar. Ahora sigue imaginando... ¿Tú que harías? ¿Cómo sigues tu vida?

No es tan fácil ser feliz así, ¿no?.

De Mujer A Mujer

Hoy me encontré con mi padre y mi abuela por la calle. Y dudo que fuera casualidad, pues estaban en la hora y lugar dónde quedo siempre con mis amigos. Yo por respeto a mi abuela me acerqué y la saludé. Entonces ella quiso que le diera dos besos a mi padre también. Dije que no, y enseguida esa mujer empezó a echar pestes sobre mí y a mandarme lejos. ¿Qué clase de persona insulta a una víctima y defiende a un claro maltratador?

Lo de mi abuela no es un caso aislado. Por lo que me han contado otras víctimas y lo que he podido ver en reportajes y entrevistas, las familias de ellos casi siempre suelen desechar la idea de que su hijo, hermano o tío sea capaz de algo así. Al apoyarles tan incondicional y ciegamente alimentan la idea de que su actitud es la correcta, y con ello se crecen en su superioridad machista.
Y nosotras recibimos doble maltrato, por parte de él en casa, y por parte de su familia, que ignora el sufrimiento y solo se mueve por lazos..

Llevaba dos días con la sensación de que me los iba a encontrar. Y me los encontré. Andaban con paso firme, como si no les importara nada, sabiendo que yo estaría allí. Pero yo llegaba tarde y los veía desde atrás. En ese momento no sabía si echar a correr en sentido contrario, quedarme quieta (y observar hasta que se fueran de esa calle), o acercarme e intentar ser lo más ciudadana posible saludando a los que un día quise. Como leísteis, hice la tercera.

Y me hicieron daño una vez más.