Vacio. Eso es lo que siento.
Vacio por no haber conocido el amor. Por no tener unos buenos padres. Por un hermano casi desconocido. Por unos amigos que no sé si son verdaderos amigos.
Vacio de sentirme sola. Vacio por cargar con un pasado triste y oscuro. Vacio por no tener ni una persona a la que abrazar.
Me siento cansada de luchar por mi futuro desde tan joven. Me siento en deuda, como si tuvera que pagar en esta vida lo que hice en otra.
Inseguridad. Dudo si merezco las cosas buenas. Dudo si merezco las cosas malas. Ya no sé lo que merezco.
Tanto tiempo en la cuerda floja, con la esperanza de llegar al otro extremo y pisar suelo firme... Pero nunca llego, el final está ahí, a la vista, pero no consigo alcanzarlo. La cuerda resultó ser una goma que se estira con malicia con el objetivo de no acabar nunca, como si quisiera empujarme a la nada. Yo no quiero caer, pero no puedo permanecer mucho más tiempo en equilibrio. Me resbalaré, y no habrá nadie abajó para cogerme. Me da miedo que nunca haya nadie. Ese es el vacio. Nadie en la nada.
No pido un millón de amigos ni la familia perfecta, solo alguien que me coja de la mano fuerte y no me suelte, que me mire a los ojos y me diga que todo irá bien, que me abrace de más por todos los abrazos que jamás recibí...