domingo, 16 de enero de 2011

Lágrimas

Puede parecer un invento, pero es totalmente cierto: lloro inconscientemente.
Lloro sin pensar en nada triste o angustioso. Sin sentir miedo. De mis ojos caen lágrimas sin yo querer, sin enterarme. En silencio.
Me pasa por la noche, cuando estoy acostada en la cama. Desde hace unos meses. Tanto tiempo llorando por un motivo, que ahora lo hago por inercia y sin razón ni control.
También por inercia me cuesta dormir. El insomnio viene de serie en mí. Pero derramar lágrimas y darte cuenta de ello porque notas la almohada mojada, creo que es menos común.
Casi cada noche es la misma historia. Sin embargo, no me importa, no me preocupa, es sólo una simple anécdota, y estoy feliz por que sea así.

Creo que esas incontrolables lágrimas son de alivio de poder dormir en paz.

martes, 4 de enero de 2011

Espejo

No puedo saber cómo me ve la gente. Es imposible que mi mente capte de una forma objetiva lo que el espejo le muestra cuando yo me pongo delante. Mi aparencia, para mí, nunca va a ser igual que para los demás.

Hoy, un conocido, no hacía más que repetirme si estaba enfadada con él, que por qué no hablaba. No me pasaba nada. Soy así. Mi estado natural es estar callada, observando, haciendo las cosas en silencio.
Mis amigas, con todo el amor del mundo, me llamaban la niña de ojos tristes. Desde esta mañana que creo que todavía me pueden llamar así. Mi tío y mi madre, aquí sí con descaro, me dijeron hace poco que debería hacer algo con mi imagen, ya que luzco permanente ojeras y nunca me maquillo.

Llevo una mirada triste y cansada. Pero cuando me miro al espejo no veo eso, sino que encuentro el rostro de una mujer con un pasado oscuro, que me sonríe y me dice con sus ojos de caramelo que todo irá bien y que soy fuerte. La veo pecosa, algo paliducha, con una nariz que no es de las más bonitas, pero me sonríe a pesar de todo.

La gente se fija en que aparento algunos años más de los que tengo. Cuando tenía doce, se pensaban que tenía quince. Con dieciséis aparentaba veinte.  Ahora con diecinueve me hechan "veintimuchos".
A la mujer de mi espejo jamás le interesó su físico, se cuida sí, pero por y para ella misma, no para los demás.

Deseo que algún día las personas de mi alrededor vean a la mujer que yo veo siempre frente al espejo.